En realidad estaba un poco nervioso porque era la primera vez que buceaba después de haberme sacado el curso y de eso ya hacía unos 7 meses, pero todos los nervios se desvanecieron cuando empecé a desinflar el chaleco y a bajar lentamente ganando profundidad.
El primero de los regalos que me guardaba el día era que, nada más bajar de la lancha, miré hacia abajo y, a unos 15 metros debajo de mí, estaba paseando un tiburón de puntas negras. Uhhhhhh. Lamentablemente no me lo volví a cruzar.
Como iba diciendo, empecé a bajar con cautela, de la misma manera que iba ganando confianza. Tras los primeros problemas de flotabilidad como aquel que monta en bicicleta al poco de aprender, y que más o menos pude controlar durante el resto de las inmersiones, el espectáculo dio comienzo como si de una función de circo se tratase.
Sin darme cuenta, estaba a unos 15 metros de profundidad rodeado de un bosque de corales de todo tipo, esponjas, peces,… Era como cuando estuve de prácticas en el Aquarium del Zoo de Madrid, pero esta vez no andaba por sus pasillos, sino que buceaba entre sus aguas. Peces ángel, peces cirujanos, gobios, morenas, peces cofre, peces mariposa y bayesta de mil y un colores iban apareciendo y desapareciendo mientras avanzaba entre los muros de coral. ¡Incluso un pez trompeta tocó una pequeña canción de bienvenida!
Con plena tranquilidad y confianza después de los primeros minutos de reconocimiento, uno de mis amigos PADI pudo colocar en mi mano un cangrejo cabeza de flecha para continuar mi viaje submarino entre mas corales, arcos de roca y bancos de peces. Entre tanto, y casi sin darme cuenta, a unos 5 metros de mí, apareció un tiburón gato nadando. Yo no podía creerlo, aunque no sabía lo que vendría después…
Para los biólogos he de deciros que había todo tipo de corales: duros y blandos, con forma de roca o de árbol, con o sin grandes pólipos... y en muchos de ellos se podían ver perfectamente las puntas blancas que indican crecimiento. Además, pude ver como los gobios escarbaban sus galerías o como los plumeros de mar escondían sus collares cuando sentían mi presencia.
En fin, toda una orgía biológica delante de mis ojos. Pero lo más impactante, que no lo mejor, vino en la segunda inmersión… Pero eso, eso, lo dejaremos para el siguiente post.
En este solo resaltar por ultimo, una foto que pude tomar de las aves fragata que nos acompañaron en toda nuestra jornada buceadora (especilamente dedicada al ornitologo de los Z3 :-P ).
Seguiremos informando.



